30 ene. 2008

Mary Burmeister... Brilla...






MARY BURMEISTER... BRILLA

El día 27 de Enero a las 1:15 a.m del 2008 Mery Burmeister se elevo al infinito...

Con amor y gratitud al querido Maestro Jiro Muraí; A ESA PRODIGIOSA TIERRA MARIA BURMEISTER receptora del conocimiento del Arte de Jin Shin Jyutsu...A sus semillas que surcan cielos, mares y montañas en busca de tierra fertil donde esparcir y guardar la memoria del antiguo arte... Jin Shin Jyutsu; arte ancestral de la Salud...esencia madre y compañera de tiempos remotos...A TODOS ELLOS BAÑE EL AMOR CON SU SUAVE BRISA y traiga ALIENTO FRESCO...

GRACIAS MERY BURMEISTER...Con tus enseñanzas nos enseñas y seguirás enseñándonos amar nuestras manos...
Nos hablas siempre del Amor y de la libertad del hombre libre...
Cuando miro mis manos...también te siento a TI, a tu Maestro y a quienes se dignan trasmitir el conocimiento...
MERY BURMEISTER... BRILLA...CONOCERME A MI MISMO ES.

PARA MERY
UNA SONRISA DESDE MI INTERIOR,
UNA EXHALACIÓN
UNA INHALACIÓN
CONOCERME A MI MISMO ES.





Eterna





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MI AMADO BAMBU


Había una vez, un maravilloso jardín, situado en el centro de un campo. El dueño acostumbraba pasear por él al sol de mediodía.

Un esbelto bambú era el más bello y estimado de todos los árboles de su jardín. Este bambú crecía y se hacía cada vez más hermoso. El sabía que su Señor lo amaba y que él era su alegría.

Un día, su dueño pensativo, se aproximó a su amado bambú y, con sentimiento de profunda veneración el bambú inclinó su imponente cabeza. El Señor le dijo: -"Querido bambú, Yo necesito de ti."

El bambú respondió: -"Señor, estoy dispuesto; haz de mí lo que quieras. "

El bambú estaba feliz. Parecía haber llegado la gran hora de su vida: su dueño necesitaba de él y él iría a servirle.

Con su voz grave, el Señor le dijo: -"Bambú, sólo podré usarte podándote."

-"¿Podar? ¿Podarme a mí, Señor?...¡Por favor, no hagas eso! Deja mi bella figura. Tú vez cómo todos me admiran."

-"Mi amado bambú," -la voz del Señor se volvió más grave todavía.- "No
importa que te admiren o no te admiren... si yo no te podara, no podría usarte."

En el jardín, todo quedó en silencio... el viento contuvo la respiración.

Finalmente el bello bambú se inclinó y susurró: -"Señor, si no me puedes usar sin podar, entonces haz conmigo lo que quieras."

-"Mi querido bambú, también debo cortar tus hojas..."

El sol se escondió detrás de las nubes... unas mariposas volaron
asustadas...

El bambú temblando y a media voz dijo: -"Señor, córtalas..."

Dijo el Señor nuevamente: -"Todavía no es suficiente, mi querido bambú, debo además cortarte por el medio y sacarte el corazón. Si no hago esto, no podré usarte."

-"Por favor Señor" -dijo el bambú- "yo no podré vivir más... ¿Cómo podré vivir sin corazón?"

-"Debo sacarte el corazón, de lo contrario no podré usarte."

Hubo un profundo silencio... algunos sollozos y lágrimas cayeron. Después el bambú se inclinó hasta el suelo y dijo: -"Señor, poda, corta, parte, divide, saca mi corazón... tómame por entero."

El Señor deshojó, el Señor arrancó, el Señor partió, el Señor sacó el
corazón.

Después llevó al bambú y lo puso en medio de un árido campo y cerca de una fuente donde brotaba agua fresca. Ahí el Señor acostó cuidadosamente en el suelo a su querido bambú; ató una de las extremidades de su tallo a la fuente y la otra la orientó hacia el campo.

La fuente cantó dando la bienvenida al bambú. Las aguas cristalinas se precipitaron alegres a través del cuerpo despedazado del bambú... corrieron sobre los campos resecos que tanto habían suplicado por ellas. Ahí se sembró trigo, maíz, soya y se cultivó una huerta. Los días pasaron y los sembradíos brotaron, crecieron y todo se volvió verde... y vino el tiempo de cosecha.

Así, el tan maravilloso bambú de antes, en su despojo, en su aniquilamiento y en su humildad, se transformó en una gran bendición para toda aquella región.

Cuando él era grande y bello, crecía solamente para sí y se alegraba con su propia imagen y belleza.

En su despojo, en su aniquilamiento, en su entrega, él se volvió un canal del cual el Señor se sirvió para hacer fecundas sus tierras. Y muchos, muchos hombres y mujeres encontraron la vida y vivieron de este tallo de bambú podado, cortado, arrancado y partido.





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